SOLAS. Chelo Sanjurjo

solas

chelo
“La vida no es fácil, pero el ejercicio de la libertad siempre vale la pena”
Carmen Alborch

En Solas se muestra una pintura introspectiva reflejo de la íntima realidad de su creadora. En algunas ocasiones, cuando estamos solos, sentimos un enorme vacío existencial, en otras, se propician momentos para la creación que son siempre distintos, porque nunca se está a solas de la misma manera.
No somos del todo conscientes de que la soledad nos acompaña a lo largo de nuestra vida, convirtiéndonos en sus cómplices. Cuando nos relacionamos estamos renovando la necesidad de estar a solas con ella, la necesitamos para encontrarnos a nosotros mismos y profundizar en lugares ocultos de nuestro ser. Estar solos es una realidad única de la condición humana y en el mundo de la creación, es una buena compañía.
Es en ese ensimismamiento, silencioso y austero, donde nacen las imágenes de Chelo Sanjurjo, una pintura viva y limpia que brota desde dentro, desde su propia honestidad. Existe, en su trabajo, una personal e inconfundible iconografía, que vuelve ahora renovada, más rotunda, con mayor dominio del gouache, si cabe. Sigue existiendo un equilibrio entre la aparente superficialidad de las formas, de los adornos y abalorios, y la complejidad de la representación figurativa que, desbordando la superficie del papel, se libera de sus propias limitaciones. Algo similar ocurre con las manchas de color, generosas y vulnerables, sobrepasando los contornos delimitados por la línea, fundiéndose con ellos. Es desde esa libertad de forma y color, desde esa capacidad de abstracción única, donde se advierten las nuevas aportaciones de la artista. Capaz de conseguir la justa medida entre el carácter extrovertido, casi festivo, de algunas de estas imágenes y una profunda búsqueda interior presente en cada una de ellas.
Hay retratos y autorretratos, estados del alma y deseos ocultos, coquetería y sencillez y, por encima de todo, una gran sensibilidad. Desde la tranquilidad de su estudio, ese retiro voluntario en el que casi siempre la soledad es la gran embajadora del espíritu que crea, la artista continúa con pintando en formatos verticales su propia biografía, como aquellos iluminadores de Oriente y, en ese silencio buscado, me recuerda a la escritora Emily Dickinson, que no conocía nada en el mundo que tuviera tanto poder como una palabra: A veces, decía, escribo una y la miro, hasta que comienza a brillar. Así actúa en nosotros el arte de Chelo Sanjurjo.

Santiago Martínez
Profesor de Historia del Arte y Comisario de la muestra

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